
Cuando la permanente estaba de moda, ella era así, chinita como la mas bellas, tiene el pelo largo y lacio pintado de rubio o algun deribado.Tiene una sonrisa que nos contagia de alegría a mí y a mis hermanos, y que nos hace reír y sentirnos bien, tranquilos, seguros.
tengo una foto en versión blanco y negro como fondo de pantalla de mi celular. Y tiene el poder de hacerme sonreír cada vez que la veo, sin importa cómo me esté sintiendo en ese momento.
Tengo la suerte de decir –porque lamentablemente no a todos les sucede lo mismo- que mi mamá es una de mis mejores amigas, la primera que tuve. Nos peleamos, sí, pero nuestras discusiones nunca son demasiado escandalosas, y con el paso de los días nos amistamos sin darnos cuenta, poco a poco, sin dramas y sin forzar nada
No estamos de acuerdo en varias cosas, pero últimamente me he dado cuenta de que me parezco mucho a ella. Y, pensando en eso, empecé a analizar a mis amigas más cercanas y a sus mamás, y me pareció lo mismo: Cada a una, a su manera, es parecidísima a su mami. Le comenté esto a J (mi mamá) y me dijo que era lógico que uno se termine pareciendo a la persona con la que ha vivido gran parte de su vida, que la ha criado, cuidado y servido de ejemplo. Claro, tiene razón, pero me parece que esta es una característica propia de mi generación, porque pienso en ella y en mi abuelita, y no… no creo que se parezcan mucho
Pero mi mamá y yo nos parecemos en esencia porque para las cosas frívolas de la vida de cada día somos algo opuestas: Ella es maniática del orden; yo soy un desorden andando (pero eso sí, mi desorden es organizado). A ella le aburre caminar viendo ropa, zapatos o lo que sea que haya en las tiendas de un centro comercial; a mí me gusta, me entretiene y me relaja. Mi mamá parece que tuviera el chip programado para no poder estar tranquila tirada en su cama sin hacer nada. Siempre busca algo que hacer en la casa y si no lo encuentra, los closets y cajones de toda la casa son víctimas de lo que yo llamo “la hora de la botadera”: lo que a primera vista le parece que ya no es necesario empieza a separarlo en dos bolsas, una se regala y otra se bota. En cambio a mí me encanta pacharaquear y estar como una marmota en mi cama leyendo o viendo películas, y además, soy cachivachera de nacimiento y por flojera solo hago esas purgas en mi closet una vez al año, y eso. Mi mamá puede dormir como máximo hasta las siete de la mañana; yo, los fines de semana,yo por mi parte casi no duermo… Y así podría seguir mencionando más detalles que en realidad, si bien a veces nos torturamos mutuamente con ellos, las dos sabemos que son insignificantes (¿lo sabes no, ma?)
Lo importante es ver las cosas que compartimos: Mi mami es una lunática y yo también. Con esto no quiero decir que estemos locas, sino que nuestro humor es cambiante, va variando con las etapas de la luna (esa es su definición, no la mía).
Ni ella ni yo somos sociables y tampoco destilamos azúcar. Con esto último quiero decir que ella no del tipo de mamás sumamente querendonas, y que por lo tanto pueden resultar asfixiantes. Nos engríe un montón (más a mis hermanos que a mí, ¡je!), pero lo hace a su manera, con gestos que van mucho más allá de un montón de abrazos o besitos. Para mí eso es mucho más valioso. Y además, hace que las mañanas de un sábado o un domingo en el que camino sonámbula a su cama para echarme a su costado y abrazarla como si tuviera cinco años y que ella me acaricie la cabeza, sea mucho más especiales.
Ambas nos comunicamos telepáticamente una con la otra. A ver, ¿cómo les explico esto?... No necesitamos hablar para saber que algo nos sucede y muchas veces el instinto y lo mucho que nos conocemos nos dice qué es. Ahora, acá hay algo que no es tan positivo: como cada una respeta su espacio y no nos inmiscuimos mucho en nuestros asuntos, si una no dice algo, la otra tampoco (y eso es un error, ma). Creo que intentamos tanto no preocupar una a la otra que nos preocupamos cada una en silencio, intentando decir y hacer cosas que a la otra la haga sentir bien, pero sin hacerlo explícitamente ¿Me entienden? Y es raro, porque por otro lado, hablamos y nos contamos cosas, nos sentimos tristes juntas y nos da ataques de risa también, pero estoy segura de que en secreto (bueno, yo ahora te lo estoy diciendo) siempre intentamos no hacer que cualquiera de las dos se preocupe. (¡Ay mami! Sí que podemos ser un enredo, ¡ves!)
Creo que por eso quizás a veces nos cuesta entendernos y, contradictoriamente, también por lo mismo a veces se nos hace más fácil. Pero si hay algo de lo que me siento orgullosa, es que tengo la total seguridad de que ella y yo sabemos que podemos contar con la otra en cualquier momento, para cualquier cosa y que no nos vamos a decepcionar (¿cierto?).